EL CANON DE NUNCA ACABAR
Hay gente que lleva hablando del canon digital desde hace más de tres años, aunque para muchas personas puede parecer un tema reciente, tal vez porque se avivó en la campaña electoral, cuando los políticos del PP entendieron que podía ser un arma arrojadiza contra el PSOE, defensor del ‘grupo cultural’ que lo abandera. Efectivamente, colectivos de internautas llevan años clamando contra este ‘gravamen’ por considerarlo una acusación velada al uso que los usuarios hacemos de los CDs, y la bronca se fue acrecentando cuando la SGAE quiso extenderlo a cualquier dispositivo electrónico susceptible de reproducir canciones protegidas por los derechos de autor. Por fin el Gobierno ha anunciado las nuevas tarifas y como siempre la medida sólo ha contentado a los de siempre. Si hay un colectivo que ha sufrido los rigores del canon digital, ha sido el de los fabricantes de electrónica (reunidos bajo el manto de Asimelec), víctimas de subida de precios de los CDs , que provocó en su momento el cierre de más de una empresa de importación de discos. Tras la publicación del nuevo canon, José Pérez, director general de Asimelec ha declarado que “la industria, a pesar de no estar de acuerdo con la orden ministerial ni con el canon digital, valora que a partir de ahora la industria al menos sabrá a que atenerse”. Pero añade que es netamente mejorable. “Asumimos –dice José Pérez–, que debe de existir canon, ya que así lo marca la ley, pero creemos que las tarifas aprobadas hubieran necesitado de un ajuste para poder calificarla de satisfactoria”. Para quien le gusta leer entre líneas, este es un ejemplo de la impotencia vestida de caballerosidad de quien acepta la derrota porque, entre otras cosas, no hay otra solución posible.