EL PODER DE LA WEB 2.0
Los domingos se puede ver en el Rastro de Madrid un imponente grupo de chavales intercambiándose cromos de la liga de fútbol, cambiando ‘repes’ y comprando fichajes de última hora. Normalmente van acompañados por sus padres que contemplan entre admirados y desconcertados la habilidad que muestran sus hijos en el arte de descubrir y negociar los cromos que les faltan a toda rapidez. Y uno, como observador dominical de esta grata costumbre, no puede menos que pensar que las nuevas generaciones llevan la Web 2.0 impresa en la frente. Puede parecer incongruente esta afirmación. Pero trataré de explicarme. Web 2.0 significa comunidad de usuarios, que participan de unos intereses comunes y colaboran entre sí para completar información, mejorar experiencias y facilitar la comunicación. Mientras los chavales cambian sus cromos muestran espontáneamente estas cualidades y apuntan señales de cómo serán las relaciones en el futuro. Muchos padres no tienen más remedio que ir remolque y no son capaces ni de tocar un ordenador, y sólo entienden las relaciones presenciales. Internet es un gigantesco rastro en el que todos los usuarios pueden cambiarse ‘cromos’ de cualquier tipo y los jóvenes son los que mejor saben adaptarse a este ecosistema.
Lo de cambiar cromos ya lo hacia yo hace 32 años. Creo que eso no es web 2.0. A ver si ahora cualquier interacción humana o colectiva va a ser 2.0.