Archivado el Julio, 2009

Una oportunidad para la innovación

Especialización, calidad, rapidez y costes laborales más bajos son fundamentos que arrastran una corriente que, en nuestro país, está cada vez más en boga, definiendo lo que se ha llamado en denominar ‘Factorías de Software’. A principios de esta década, las tecnológicas miraban a Madrid y Barcelona como lugares prioritarios para ampliar sus vías de innovación en esto del desarrollo de software; sin embargo, una vez se analizaron las ventajas que pueden ofrecer otras ubicaciones, ya sean económicas o sociales -son básicos los acuerdos con universidades locales como germen de nuevos profesionales-, decidieron emprender una nueva etapa que se encuentra en plenitud expansiva. El salto evolutivo es palpable: el número de centros asciende actualmente a 77, facturan 376 millones de euros y emplean a cerca de 11.000 trabajadores. Cualquier proveedor que se precie está inmerso en un proyecto de estas características.

Tampoco hay que dejar de lado el hecho de que España está abriendo camino y se posiciona como uno de los países más avanzados en este terreno, ya sea en cuanto a número como en lo relativo a la calidad que ofrece. Aetic, sin ir más lejos, ha puntualizado este hecho y constata que, tras Francia, se sitúa en segundo lugar por sus niveles de calidad. Este paso supone un rebrote de la actividad tecnológica en nuestro país por medio de una ruta que siempre ha sido mancillada, como es la del desarrollo y la innovación. Aun así, no hay que dejar de lado otra realidad; ésta revela que el negocio internacional que proviene de las factorías de software españolas apenas sobrepasa el 5 por ciento. Y un apunte más, relativo al enorme peso que tiene la Administración Pública -excesivo sería más exacto decir- (aunque hay que entender su participación en la puesta en marcha de una gran parte de las Factorías), toda vez que acapara el 80 por ciento de los contratos.

El futuro se presenta prometedor para este mercado, al menos si se piensa en el corto plazo. El apoyo de las Comunidades Autónomas está siendo clave para estimular la actividad regional TIC y el empleo, pero es innegable que la empresa privada debe servir como acicate para una industria que puede experimentar un proceso de desaceleración a medio plazo; la fuerte competencia de otros países hace además peligrar que llegue a su plenitud y madurez.

Sin signos de recuperación

Malas noticias de nuevo: el sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones no recuperará su salud durante este año y verá cómo su cifra de negocio disminuye en cerca de un 2 por ciento -un 2,7 por ciento si nos ceñimos exclusivamente a las TI-, tal y como mantienen los últimos indicadores dados a conocer por EITO (European Information Technology Observatory). Pero eso no es todo, y es que aunque en 2010 no se espera cosechar de nuevo signos negativos, la ‘escalada’ que se prevé estará en un raquítico 0,3 por ciento; nada que evidencie que el mercado en su conjunto conseguirá desperezarse y, quizás, pensar en volver a esos momentos de ‘glamour’ del pasado.

 

El análisis de EITO marca bien a las claras que los responsables de Tecnología continúan mostrando un alto grado de escepticismo a la hora de abordar determinados proyectos. La reducción de costes sigue presente, buscan mayor productividad, alinearse a las directrices de constricción que marca el negocio, y apostar en mayor medida por prácticas que permitan alcanzar estos objetivos, con la virtualización como principal argumento. A decir verdad, tampoco lo tienen fácil. Y el resultado está sobre la mesa, los presupuestos de los CIOs caen en cascada y fluctúan con escasos visos de recuperación; mientras tanto, los proveedores rebuscan entre los rescoldos para que continúen saliendo los números.

 

Por otro lado, los observadores y analistas matizan que hay que entender el efecto colateral de la crisis económica -lo que también es cierto reseñar-. Ello sirve como justificación a las voces del propio sector, al reclamar mayores inversiones públicas, una reactivación de la innovación en las empresas y el desarrollo de mayores infraestructuras de telecomunicaciones. Como se denota de esta argumentación, las proclamas buscan cimentar con hierro el sector ante la posible aparición de escenarios más nocivos.

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