NO SIN MI MÓVIL
Quién no recuerda, hace unos deicisiete años, que el móvil era un artículo de lujo, aparatoso y caro, que funcionaba a trancas y barrancas. Este aparato exclusivo de ejecutivos empezó a extenderse por nuestro país a finales de los noventa, cuando lo regalaban incluso en los supermercados. De aquella exclusividad pasamos al polo opuesto. Ahora resulta extravagante la persona que no lleva un móvil consigo, y nos parece incomprensible que argumente su autosuficiencia para no utilizarlo, cuando al principio el que parecía autosuficiente era el usuario. Un estudio de la Unión Internacional de Tele
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