NO SIN MI MÓVIL

Quién no recuerda, hace unos deicisiete años, que el móvil era un artículo de lujo, aparatoso y caro, que funcionaba a trancas y barrancas. Este aparato exclusivo de ejecutivos empezó a extenderse por nuestro país a finales de los noventa, cuando lo regalaban incluso en los supermercados. De aquella exclusividad pasamos al polo opuesto. Ahora resulta extravagante la persona que no lleva un móvil consigo, y nos parece incomprensible que argumente su autosuficiencia para no utilizarlo, cuando al principio el que parecía autosuficiente era el usuario. Un estudio de la Unión Internacional de Telecomunicaciones  (ITU) acaba de confirmar que dos de cada tres personas del planeta Tierra posee un móvil. Según sus datos, a finales de 2010 habrá 4.600 millones de abonados, lo que representará el 67 por ciento de la población. Si en los últimos años los expertos se han estado devanando los sesos sobre qué dispositivo reinaría en el siglo XXI, está claro que el móvil tiene muchas bazas para conseguirlo, toda vez que ha sido la  tecnología que más rápidamente ha sido adoptada por la humanidad.

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