Innovación deficiente

Un año más nos hemos asomado al balcón de la innovación con sensación de vértigo. Después de observar los resultados del tradicional análisis que efectúa Cotec sobre el panorama de la I+D+i en España, la preocupación por su progreso continúa patente. Es cierto que algunos indicadores que se han mostrado en esta ocasión subrayan claramente el avance que han experimentado las prácticas innovadoras que se han puesto en marcha tanto desde el ámbito público como desde el privado; en ambos casos se constata además un crecimiento de las inversiones que supera los dos dígitos. Pero la sensación generalizada que perciben los analistas coincide en describir un horizonte que se aleja del optimismo que se pudiera transmitir. En primer lugar porque, según afirman, persiste la lacra de no implicar más directamente la innovación tecnológica con el tejido productivo y económico nacional. Y como resultado, van más allá y pronostican que, como derivación de esta pauta de conducta, entraremos en ‘un retroceso en la evolución del sistema español de innovación’, como se cita textualmente.

 

Cuando se cotejan los datos de nuestro país con los de otros países de nuestro entorno, las conclusiones no suelen ser excesivamente halagüeñas; aun a sabiendas de que la voluntad por equiparar esfuerzos siempre ha estado presente. Es por ello quizás que, ante unas perspectivas como las que se nos presentan, el recelo continuará con el desánimo de muchos de los sectores y organizaciones implicados.

 Apostar por la tecnología y la innovación en época de crisis debe servir como estímulo para avanzar y desarrollarse en el camino marcado. Esta es una máxima que se debe alentar con objeto de que, en lo posible, contribuya a la recuperación económica general. El problema añadido es que la innovación no cala en todos los segmentos de actividad por igual. Y si nos centramos en el espacio tecnológico, la conclusión es desesperanzadora ante el poco peso, salvo honrosas excepciones, que tiene la innovación generada desde este sector en España. Y no es conveniente ser paciente, a pesar de que desde la propia Cotec se exponga que ya se cuenta con una sólida base para construir un sistema de innovación. Este país lleva así muchos años y, sin desmerecer ciertos pasos dados, los resultados distan mucho de ver cómo se materializa la competitividad tecnológica e innovadora en las empresas españolas.

La necesidad de innovar

El sector continúa inmerso en un mar de dudas, de incertidumbres futuras que le han hecho entrecerrar los ojos como si de un espejismo se tratara. Sin embargo, ha tomado conciencia de la realidad del mercado, que amenaza con traducirse en severos recortes presupuestarios y en un continuismo tecnológico sin visión a largo plazo. Los mensajes no pueden ser más desalentadores. Los presupuestos tienden a la baja en muchas organizaciones mientras que la Administración, en lugar de servir como estímulo, tiene la infeliz idea de rebajar los presupuestos TIC de cara a 2009.

La empresa que quiera ser productiva deberá invertir en innovación y, obviamente, en Tecnologías de la Información, con objeto de generar riqueza en el negocio, ya que es poco factible que consiga hacer ‘más con menos’. Los responsables tecnológicos también deberán tener esto en cuenta, sabiendo que las decisiones que adopten ahora, no exentas de riesgo, marcarán su futuro. Aquí el CIO tiene mucho que decir y debe jugar un papel determinante e influyente, y convertirse en parte del órgano de decisión -a pesar de que sólo 1 de cada 10 está en el Comité de Dirección de las organizaciones-.

Puede considerarse acertado proyectar iniciativas que toquen virtualización, eGovernance, ‘Software as a Service’,… pero con la convicción de que ‘tiempos de crisis son también tiempos de oportunidades’.

Las TI vuelven a crecer

El sector español de Tecnologías de la Información ha situado su cifra de negocio durante 2007 en 17.026 millones de euros, lo que representa un crecimiento que se acerca a los ‘afamados y deseados’ dos dígitos -en concreto se sitúa en el 9 por ciento-. Como se puede observar, son cifras que invitan a pensar en un ambiente positivista y muy en línea con los datos cifrados en los últimos ejercicios por el mercado. Pero lo interesante de este escenario es que, además, apodera un entorno de continuidad. El sector TIC debe estar de enhorabuena; una vez consumida la azarosa etapa de principios de década, la orientación de la industria tecnológica ha encontrado una senda alcista que ha tenido en los servicios a su principal referente. Como apéndice, se manifiestan unos niveles de Producción de las Tecnologías de la Información que crecen un 12 por ciento -igual ratio que las cifras de exportaciones-, y una tendencia también alcista de la I+D+i sobre el hypersector TIC de entre el 15 y 20 por ciento. Movimientos todos ellos que ilustran una sensación generalizada de optimismo duradero. El aval de las TI, por parte de los diferentes organismos, parece continuar ofreciendo grandes resultados: mayores inversiones, desarrollos y proyectos a usuarios finales. Otra conclusión a extraer es ver un sector maduro que habla de tú a tú en el contexto económico nacional y que, por lo que se percibe, su peso específico irá adquiriendo mayor protagonismo.

Continuismo

Miguel Sebastián ha sustituido a Joan Clos al frente del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, paraguas bajo el cual quedan encuadradas las iniciativas gubernamentales encaminadas a impulsar la Sociedad de la Información en nuestro país, de la mano principalmente del Plan Avanza. Obviamente, estamos en el punto de arranque de una nueva etapa sin poder de análisis sobre aquello que Miguel Sebastián tiene en mente ejecutar. Sin embargo, el traspaso de Cartera hace indicar que nos dirigimos hacia un proceso continuista -lo confirma la reasignación de Francisco Ros como Secretario de Estado de Telecomunicaciones-, teniendo además en cuenta que el Plan Avanza cuenta con un periodo de vigencia definido hasta 2010. Red.es seguirá asimismo bajo la tutela de Industria y los proyectos en marcha deberán rubricarse según los planes establecidos hasta la fecha.Este panorama, por tanto, deberá reflejar una mayor intensidad estratégica e inversora. Y si ello implica caminar por una senda de crecimiento presupuestario, como ha venido produciéndose en los últimos ejercicios, bienvenido sea. Porque la llegada de una nueva dirección debe fortalecer las buenas prácticas ejecutadas, además de subsanar lagunas endémicas, como el caso del pobre nivel en Innovación. Es un apartado hasta ahora casi olvidado pero que tendrá un ministerio específico liderado por Cristina Garmendia. Su reto, aumentar el 1,2 por ciento del PIB que se destina a I+D hasta el 2 por ciento previsto para 2010. En este caso, este cambio representa progreso y desarrollo; una urgencia imperiosa por otra parte que servirá para nos mentalicemos de que la innovación debe ser parte indisoluble de nuestro tejido empresarial y social.

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