Una oportunidad para la innovación

Especialización, calidad, rapidez y costes laborales más bajos son fundamentos que arrastran una corriente que, en nuestro país, está cada vez más en boga, definiendo lo que se ha llamado en denominar ‘Factorías de Software’. A principios de esta década, las tecnológicas miraban a Madrid y Barcelona como lugares prioritarios para ampliar sus vías de innovación en esto del desarrollo de software; sin embargo, una vez se analizaron las ventajas que pueden ofrecer otras ubicaciones, ya sean económicas o sociales -son básicos los acuerdos con universidades locales como germen de nuevos profesionales-, decidieron emprender una nueva etapa que se encuentra en plenitud expansiva. El salto evolutivo es palpable: el número de centros asciende actualmente a 77, facturan 376 millones de euros y emplean a cerca de 11.000 trabajadores. Cualquier proveedor que se precie está inmerso en un proyecto de estas características.

Tampoco hay que dejar de lado el hecho de que España está abriendo camino y se posiciona como uno de los países más avanzados en este terreno, ya sea en cuanto a número como en lo relativo a la calidad que ofrece. Aetic, sin ir más lejos, ha puntualizado este hecho y constata que, tras Francia, se sitúa en segundo lugar por sus niveles de calidad. Este paso supone un rebrote de la actividad tecnológica en nuestro país por medio de una ruta que siempre ha sido mancillada, como es la del desarrollo y la innovación. Aun así, no hay que dejar de lado otra realidad; ésta revela que el negocio internacional que proviene de las factorías de software españolas apenas sobrepasa el 5 por ciento. Y un apunte más, relativo al enorme peso que tiene la Administración Pública -excesivo sería más exacto decir- (aunque hay que entender su participación en la puesta en marcha de una gran parte de las Factorías), toda vez que acapara el 80 por ciento de los contratos.

El futuro se presenta prometedor para este mercado, al menos si se piensa en el corto plazo. El apoyo de las Comunidades Autónomas está siendo clave para estimular la actividad regional TIC y el empleo, pero es innegable que la empresa privada debe servir como acicate para una industria que puede experimentar un proceso de desaceleración a medio plazo; la fuerte competencia de otros países hace además peligrar que llegue a su plenitud y madurez.

Innovación deficiente

Un año más nos hemos asomado al balcón de la innovación con sensación de vértigo. Después de observar los resultados del tradicional análisis que efectúa Cotec sobre el panorama de la I+D+i en España, la preocupación por su progreso continúa patente. Es cierto que algunos indicadores que se han mostrado en esta ocasión subrayan claramente el avance que han experimentado las prácticas innovadoras que se han puesto en marcha tanto desde el ámbito público como desde el privado; en ambos casos se constata además un crecimiento de las inversiones que supera los dos dígitos. Pero la sensación generalizada que perciben los analistas coincide en describir un horizonte que se aleja del optimismo que se pudiera transmitir. En primer lugar porque, según afirman, persiste la lacra de no implicar más directamente la innovación tecnológica con el tejido productivo y económico nacional. Y como resultado, van más allá y pronostican que, como derivación de esta pauta de conducta, entraremos en ‘un retroceso en la evolución del sistema español de innovación’, como se cita textualmente.

 

Cuando se cotejan los datos de nuestro país con los de otros países de nuestro entorno, las conclusiones no suelen ser excesivamente halagüeñas; aun a sabiendas de que la voluntad por equiparar esfuerzos siempre ha estado presente. Es por ello quizás que, ante unas perspectivas como las que se nos presentan, el recelo continuará con el desánimo de muchos de los sectores y organizaciones implicados.

 Apostar por la tecnología y la innovación en época de crisis debe servir como estímulo para avanzar y desarrollarse en el camino marcado. Esta es una máxima que se debe alentar con objeto de que, en lo posible, contribuya a la recuperación económica general. El problema añadido es que la innovación no cala en todos los segmentos de actividad por igual. Y si nos centramos en el espacio tecnológico, la conclusión es desesperanzadora ante el poco peso, salvo honrosas excepciones, que tiene la innovación generada desde este sector en España. Y no es conveniente ser paciente, a pesar de que desde la propia Cotec se exponga que ya se cuenta con una sólida base para construir un sistema de innovación. Este país lleva así muchos años y, sin desmerecer ciertos pasos dados, los resultados distan mucho de ver cómo se materializa la competitividad tecnológica e innovadora en las empresas españolas.

La necesidad de innovar

El sector continúa inmerso en un mar de dudas, de incertidumbres futuras que le han hecho entrecerrar los ojos como si de un espejismo se tratara. Sin embargo, ha tomado conciencia de la realidad del mercado, que amenaza con traducirse en severos recortes presupuestarios y en un continuismo tecnológico sin visión a largo plazo. Los mensajes no pueden ser más desalentadores. Los presupuestos tienden a la baja en muchas organizaciones mientras que la Administración, en lugar de servir como estímulo, tiene la infeliz idea de rebajar los presupuestos TIC de cara a 2009.

La empresa que quiera ser productiva deberá invertir en innovación y, obviamente, en Tecnologías de la Información, con objeto de generar riqueza en el negocio, ya que es poco factible que consiga hacer ‘más con menos’. Los responsables tecnológicos también deberán tener esto en cuenta, sabiendo que las decisiones que adopten ahora, no exentas de riesgo, marcarán su futuro. Aquí el CIO tiene mucho que decir y debe jugar un papel determinante e influyente, y convertirse en parte del órgano de decisión -a pesar de que sólo 1 de cada 10 está en el Comité de Dirección de las organizaciones-.

Puede considerarse acertado proyectar iniciativas que toquen virtualización, eGovernance, ‘Software as a Service’,… pero con la convicción de que ‘tiempos de crisis son también tiempos de oportunidades’.

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